Género, agua y pobreza

El agua es esencial para el ser humano y para todas las formas de vida. Pero la contaminación y la falta de acceso a agua limpia están multiplicando el ciclo de la pobreza, las enfermedades transmitidas por el agua y las inequidades de género (Khosla y Pearl, 2003). El agua es un punto de entrada para el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, los derechos humanos, la salud reproductiva y materna, la lucha contra el VIH y el SIDA, la generación de energía, la educación mejorada para la niña y la reducción de la morbi-mortalidad.

 

 

agua4u El agua es esencial para el ser humano y para todas las formas de vida. Pero la contaminación y la falta de acceso a agua limpia están multiplicando el ciclo de la pobreza, las enfermedades transmitidas por el agua y las inequidades de género (Khosla y Pearl, 2003). El agua es un punto de entrada para el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, los derechos humanos, la salud reproductiva y materna, la lucha contra el VIH y el SIDA, la generación de energía, la educación mejorada para la niña y la reducción de la morbi-mortalidad. Y, sin embargo, 1,100 millones de personas siguen careciendo de acceso a agua potable segura, y 2,600 millones de acceso a saneamiento adecuado. Esta situación tiene un impacto negativo enorme sobre las mujeres y los niños y niñas.

La pobreza se está agudizando alrededor del mundo, y los sectores más vulnerables son las mujeres y los niños/as. Las mujeres experimentan la pobreza de manera diferente que los hombres, dado que en general son tratadas de forma desigual. Se estima que, de los 1,300 millones de personas que viven en la pobreza alrededor del mundo, el 70 por ciento son mujeres. Las mujeres trabajan las dos terceras partes de las horas de trabajo en el mundo y producen la mitad de los alimentos del mundo, y sin embargo apenas perciben el 10 por ciento del ingreso del mundo y son dueñas de menos del uno por ciento de la propiedad del mundo (Campaña del Milenio de las Naciones Unidas, 2005).

¿Por qué género, agua y pobreza?

En 1997, el Informe de Desarrollo Humano reveló que los países que presentaban los índices más bajos de desarrollo en materia de género (Sierra Leona, Níger, Burkina Faso y Mali) también acusaban tasas de pobreza elevadas y escaso acceso al agua, la salud y la educación. Otros países con índices de pobreza elevados (Bolivia, Colombia, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Paraguay) también tenían tasas elevadas de desigualdad social, de género y étnica (Schreiner, 2001).

Eslabonamientos entre género, agua y pobreza

 

  • El acceso a agua de calidad adecuada y en cantidad suficiente reducirá la incidencia de enfermedades producidas por la falta de agua y enfermedades transmitidas por el agua, mejorará la salud y la productividad de las mujeres y la asistencia escolar de los niños y niñas.
  • Cuando existe competencia en torno a los recursos hídricos, las mujeres y otros grupos vulnerables con frecuencia pierden sus derechos.
  • Una prioridad de desarrollo para la mujer en relación con los recursos hídricos puede ser que las fuentes de agua estén más cerca de sus hogares, de manera tal que puedan equilibrar sus roles productivos y reproductivos. Si no se les consulta, dichas prioridades serán pasadas por alto.
  • La mejora de los medios de vida y de la seguridad alimentaria de las mujeres y otros grupos en desventaja depende, entre otras cosas, de su acceso a recursos hídricos suficientes.
  • La participación en la gestión del agua también puede fortalecer la dignidad de la mujer, dándole una voz y la opción de elegir. Asimismo, mejora la focalización y la eficiencia de las inversiones programáticas.

Las mujeres son más vulnerables que los hombres a la pobreza crónica, debido a las desigualdades de género en diversas instituciones sociales, económicas y políticas. Dichas desigualdades se pueden apreciar en la distribución desigual del ingreso, el control sobre la propiedad o sobre el ingreso y el acceso a insumos productivos (tales como crédito), recursos relacionados con la toma de decisiones y recursos hídricos, derechos y reclamos que a menudo favorecen a los hombres en oposición a las mujeres. Adicionalmente, las mujeres enfrentan un trato sesgado en los mercados laborales y la exclusión social.

De acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cinco años después que los y las líderes mundiales suscribieran un compromiso de reducir la pobreza, “la brecha entre el objetivo de los ODM de reducir la pobreza en el mundo a la mitad y los resultados proyectados indican que la cantidad de personas que viven con un dólar diario o menos habrá aumentado en 380 millones”. Las mujeres y los niños y niñas soportan una carga desigual en el aumento de la pobreza.

Conceptos y definiciones equivocados

La pobreza es un fenómeno multidimensional y geográficamente específico, que varía de acuerdo a la edad, la cultura, el género y otras características socioeconómicas. Las percepciones de pobreza también difieren entre las mujeres y los hombres. Por ejemplo, en Ghana los hombres definieron la pobreza como la incapacidad para generar un ingreso, mientras que para las mujeres pobreza significaba inseguridad alimentaria (Narayan, 2000).

201209272pobreza-agua-intLa pobreza no significa solamente privaciones materiales; incluye también la falta de voz o de poder, la vulnerabilidad ante las crisis y otras situaciones adversas y la capacidad limitada para hacer frente a dichas vulnerabilidades. Si los recursos hídricos se encuentran ubicados lejos de los hogares, las mujeres y las niñas tienen que recorrer mayores distancias a pie para recolectar agua, reduciendo con ello el tiempo disponible para actividades productivas. Una gestión del agua eficaz ofrece redes sociales a las mujeres, en forma de comités de gestión, pero muy a menudo las mujeres terminan realizando labores no calificadas y no remuneradas en relación con la gestión del agua. Continuar relacionando la pobreza con el bienestar material disfraza otras dimensiones de la pobreza, tales como la indefensión y la exclusión de la toma de decisiones.

Medición de la pobreza: el dilema de género

Los métodos tradicionalmente empleados para medir la pobreza han sido las estadísticas que miden el producto interno bruto o el ingreso familiar, que enmascaran las diferencias de género al interior de los hogares. Los diagnósticos participativos de la pobreza (DPP) constituyen un instrumento para incluir los puntos de vista de mujeres y hombres con escasos recusros económicos, en el análisis de la pobreza y en la elaboración de estrategias para reducirla por medio de intervenciones basadas en políticas públicas (Norton, 2001).

Género, pobreza y medio ambiente: una interacción triple

Agua 20-dsc_0272Si bien es cierto que se han establecido Objetivos de Desarrollo del Milenio separados para las áreas de pobreza, género y medio ambiente (este último rubro incluye agua y saneamiento), los tres ámbitos se encuentran interrelacionados y existe una interacción de tres vías entre ellos. El agua es esencial para el bienestar del ser humano, vital para el desarrollo económico y un requisito básico para la salud de los ecosistemas. El agua limpia para uso doméstico es esencial para la salud y la supervivencia del ser humano y, combinada con una saneamiento y una higiene mejorados, reducirá la morbi-mortalidad, especialmente entre los niños y niñas. Asimismo, el agua es vital para otros aspectos del desarrollo sostenible, tales como la protección del medio ambiente, la seguridad alimentaria, el empoderamiento de la mujer, la educación de la niña y la pérdida de productividad por razones de enfermedad. El agua es un punto de entrada catalítico para ayudar a los países en desarrollo a luchar contra la pobreza y el hambre, salvaguardar la salud de los seres humanos, reducir la mortalidad infantil, promover la igualdad entre los géneros y administrar y proteger los recursos naturales (Fuerza de Tarea del Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas sobre Agua y Saneamiento, 2005).

La pandemia del VIH y del SIDA, que es tanto una causa como una consecuencia de la vulnerabilidad que caracteriza a la pobreza, ha impulsado a algunos países a adoptar enfoques de atención domiciliaria, en vista de que las instituciones de salud no se dan abasto para atender la demanda de servicios. El enfoque de atención domiciliaria implica que debe haber agua de calidad y en cantidad suficiente como para evitar infecciones secundarias, así como para reducir las cargas de quienes suministran la atención, que en la mayoría de los casos son mujeres y niñas.

Algunas implicaciones en términos de políticas

En el enfoque de gestión integrada de los recursos hídricos (GIRH), el agua se considera un bien tanto económico como ambiental y social, y por lo tanto en algunos casos puede ser considerada como una mercancía o commodity, que se rige por los principios de la oferta y la demanda. Por consiguiente, tiene un valor de mercado determinado para ciertos usos (Thomas, Schalkwyk y Woroniuk, 1996). El sector de agua a menudo se divide en usos productivos y usos no productivos del agua. Los usos no productivos del agua (salud, labores domésticas y saneamiento) tienden a ser responsabilidad de la mujer y no son considerados en los análisis económicos. Sin embargo, deberían ser incorporados en la evaluación de los valores económicos relativos de los recursos hídricos, para promover la comprensión y la consideración de la interdependencia entre el agua productiva y el agua doméstica.

El concepto del agua como una mercancía implica que el desarrollo de los recursos hídricos debe basarse en la demanda. Sin embargo, las mujeres pobres generalmente no están en capacidad de expresar sus demandas de servicios, ni poseen la capacidad para defender sus derechos, especialmente si existen derechos de propiedad reconocibles y transferibles sobre el agua. En adición, los hogares jefaturados por niños/as tienen una capacidad aún menor de expresar sus demandas y defender sus derechos.

A fin de satisfacer la demanda de agua de las mujeres pobres, los gobiernos deben recolectar datos desglosados por sexo y desarrollar indicadores con enfoque de género en todos los sectores, incluyendo los sectores de agua, saneamiento, agricultura y riego. El uso de herramientas participativas es importante asimismo para involucrar a quienes carecen de voz y poseen un grado de instrucción inferior, que pueden tener dificultades para entender textos escritos. Sólo de esta forma podrán escucharse y entenderse las prioridades de las mujeres,  los hombres, las niñas y los niños pobres.

GWA. Gender and Water Alliance