La cuestión del agua obliga a adoptar medidas

La reciente conmemoración del Día Mundial del Agua actualizó un problema recurrente en toda su gravedad: la mayoría de los siete mil millones de habitantes del planeta carece de acceso y suministro adecuado, amén de que ya comienza a ser conflictiva la relación entre el acceso al agua, su uso en la producción de energía y las inevitables consideraciones medioambientales.

 

agua (1)La cuestión del agua obliga a adoptar medidas.

 

La reciente conmemoración del Día Mundial del Agua actualizó un problema recurrente en toda su gravedad: la mayoría de los siete mil millones de habitantes del planeta carece de acceso y suministro adecuado, amén de que ya comienza a ser conflictiva la relación entre el acceso al agua, su uso en la producción de energía y las inevitables consideraciones medioambientales. Es que el tamaño y la cantidad de bienes en la Tierra siguen siendo los mismos de siempre, en tanto que el número de habitantes y las demandas de vida de los mismos crecen en todo sentido.

Lo alarmante es que el problema ha dejado de ser una referencia curiosa perteneciente a otros países y toca ya a las puertas del nuestro. De hecho, cuestiones provinciales con el río Atuel -y también con el Colorado- se inscriben en esa problemática, impostergable e ineludible. Además la situación advierte que, si bien el agua comienza a escasear, también son muchos los millones de metros cúbicos diarios que se pierden por uso inadecuado. La contaminación es tremenda en todo el mundo y hace que la propia dinámica natural del líquido no alcance ya para la autodepuración. La mayoría de las grandes aglomeraciones urbanas, especialmente de las del llamado “tercer mundo”, carecen de sistema de tratamiento de las aguas negras y vuelcan sus desechos a los ríos o al mar.

A la desigual distribución de las fuentes de agua en el mundo se agrega la falta de criterios comunes en cuanto a su utilización y preservación, armonizándola con otros requerimientos, principalmente su uso industrial y en la producción de energía. La distribución del líquido -tan vital a la existencia humana que hasta cala hondo en sus creencias y filosofías- está lejos de ser uniforme en la superficie del planeta y aquellas regiones que carecen de él lo buscan, a veces con desesperación y hasta con imprudencia. Esa circunstancia se advierte en verdaderas tragedias ambientales, como es el caso del Mar de Aral o, incluso, de nuestro cercano río Atuel.

La ONU-Agua ha señalado recientemente que “la provisión de agua ya constituye una limitación para los proyectos de energía en algunos países, en especial en Asia”. La industria de la energía “debe entender que, si no tiene en cuenta el agua, se verá en problemas”. A los ritmos actuales para dentro veinte años la producción total de energía exigirá un quinto de la extracción global de agua.

El aprovechamiento racional y medido de este elemento no es una meta de futuro sino una imposición del presente, una realidad que los grandes países contaminantes ocultan o reconocen a medias sólo cuando alguna noticia abofetea con su realidad. En esa tesitura no puede dejar de sorprender la postura recientemente adoptada por el gobierno pampeano en cuanto a la recuperación de aguas servidas en nuestro territorio. El Ejecutivo vetó una ley en ese sentido, que luego fue ratificada por la Legislatura.

Una semana de lluvias y lloviznas gracias al “Viento del Río”, como lo nombraban los primeros pobladores, siempre atentos al tiempo atmosférico, no significan mucho en una región claramente semiárida, con sequías considerables y frecuentes.

La provincia tiene la oportunidad, además de la necesidad, de ser pionera en la investigación y aplicación de técnicas que ahorren agua y mejoren su uso y consumo, pero ello requiere una actitud de mentalidad abierta y sólido respaldo técnico-político, armonizada con las necesidades y posturas del mundo actual.

La Arena