Cuando tu vida depende de un río

La señora Lea John Njema está preocupada. No lo dice, pero su rictus la delata. Observa el río Yongoma desde la orilla, inmóvil y en silencio, como esperando a que las aguas comiencen a subir por arte de magia. Pero nada de eso ocurre.

1437390095_542505_1437390189_album_normalEl río Yongoma en su curso medio, a su paso por la Reserva Natural de Chome. El aumento de la población y de las actividades productivas que utilizan su agua, unido a una reducción y una mayor variabilidad de las precipitaciones causadas por el cambio climático, hacen que la presión sobre él haya aumentado de manera muy notable en las últimas décadas./ LOLA HIERRO

Lea John es natural de Lugulu, una aldea de unos 3.200 habitantes situada en el distrito de Same, región de 270.000 habitantes en el noreste de Tanzania bendecida con una reserva natural, la de Chome, en torno a las exuberantes montañas Pare. La temporada de lluvias está a punto de finalizar y por eso el paisaje es verde, frondoso y salvaje. Pero el caudal del Yongoma no augura a este edén una larga continuidad: el nivel del río apenas alcanza los 40 centímetros de profundidad en su curso medio y, con una temporada seca de cinco meses por delante, es una mala noticiapara las 58.000 personas que dependen de sus aguas y de las del vecino Hingilili. Entre ellas la señora Lea John, que sabe que pronto habrá que tomar medidas.

“La peor situación se dio en la sequía de 1994 y también hace 10 años, aunque no fue tan grave”, recuerda la señora Njema, una madre africana en la cincuentena acostumbrada a sortear todo tipo de problemas cotidianos en su vida campestre. Junto a Juma Ibrahim y Ezequiel Warema forma parte de la presidencia de la llamada WUA del Yongoma (Asociación de usuarios del agua, en sus siglas en inglés), una entidad local registrada en septiembre de 2013 con la responsabilidad de gestionar de manera sostenible del agua de la cuenca.

Uno de sus trabajos consiste en monitorizar cómo se distribuye este recurso y asegurarse de que haya para todos. Así, si un vecino o un granjero quiere utilizar agua del río, debe realizar una solicitud con sus pretensiones que cuesta unos 30 euros y entregarla a este organismo. Si consideran que es razonable, la remiten a la Oficina de Aguas de la Cuenca del Pangani, la entidad pública responsable de gestionar, asignar y controlar el uso del agua, para que dé la autorización final. Una vez que se ha concedido, el usuario está obligado a pagar una cuota variable en función de los litros que consume.

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