Colombia.- Radiografía del río Cali, un vecino enfermo del Oeste

Asentamientos humanos, pesca indiscriminada, basuras, vertimientos de aguas negras, tala de árboles y excrementos de mascotas ponen en peligro al afluente que sólo tiene 870 litros por segundo, cuando en temporadas normales suma 4.000. Radiografía.

 

Normandía. Los alrededores de la desembocadura del río Aguacatal están impactadas por montones de basuras. Oswaldo Páez / Vivir Oeste

(elpais.com.co) Las palabras de Héctor Fabio Alzate retumban en la mente como una sentencia que nadie quisiera oír: “Al paso que vamos, nos quedaremos sin el río Cali”, dice mientras bordea el afluente, camino a Santa Rita.

Lo preocupante es que no exagera, basta hacer un recorrido por el tramo comprendido entre el Hotel Intercontinental y el Zoológico de Cali para comprobar la realidad del afluente insignia de la ciudad.

Precisamente así titularon un video que circula en internet para, a través de crudas imágenes de basuras, vertimientos de aguas negras, excrementos de mascotas, tala de árboles y asentamientos humanos, para concientizar a las autoridades ambientales y a la comunidad sobre la urgente atención que se le debe prestar al río tutelar.

Hay quienes afirman que el Cali arrastra toda una carga de contaminación, pero lo cierto es que ya ni siquiera tiene aliento para transportarla.

Y no tiene fuerzas porque la sequía, otro de sus grandes enemigos, lo ha dejado con un mínimo histórico que no se presentaba desde hace 30 años, de acuerdo con Héctor Fabio Bonilla, jefe de Operaciones de la Planta Río Cali.

Actualmente sólo cuenta con 870 litros por segundo, frente a los 4.000 que tiene en épocas normales, es decir, cuando no se habla de invierno ni de verano, agregó.

Debido a ello, los pequeños charcos que apenas se distinguen entre los montones de piedras huelen a caño y los bocachicos y las sabaletas se dejan pescar con la mano, sin necesidad de utilizar anzuelo.

Alerta comunitaria

Uno de los paisajes más acogedores del Oeste es el que atraviesa el afluente a su paso por Santa Rita, Santa Teresita y Normandía, cuyos vecinos aseguran que algo muy grave le está pasando.

César Calero es un caleño con alma de ambientalista que cada mañana recorre sus riberas; lo hace desde hace ocho años y le ha tomado más de 800 fotos a los males que se le atraviesan en su recorrido.

Es tal su preocupación que está dispuesto a emprender una campaña para que los dueños de mascotas no sigan contaminándolo al Cali con excrementos.

“Las heces de estos animales están por todos lados y el olor es asfixiante”, comenta quien también hace videos durante sus caminatas.

Pese al grave estado del río, no hay una entidad que se encargue de su cuidado exclusivo.

Así, los vertimientos de aguas negras, que se podría pensar son competencia directa del Dagma, también involucran a Emcali.

Pero esta empresa, a su vez, no puede instalar sistemas de alcantarillado en asentamientos subnormales.

En ese caso le corresponde al Municipio regular las construcciones que no cuenten con sistemas de alcantarillado, según lo dispone la normatividad vigente.

Frente a los vertimientos, provenientes de construcciones cercanas al Zoológico de Cali, José Cerón, funcionario de Aguas Residuales de Emcali, y Camilo Vélez, jefe de Recurso Hídrico del Dagma, se comprometieron a inspeccionar la zona si la comunidad denuncia dónde están ubicadas.

Pero mientras tanto, al Cali se le acaba el oxígeno y las medicinas parecen estar muy lejos. No puede ser que Héctor Fabio Alzate tenga razó