Artículo.- La corrección de cauces torrenciales: obras transversales y longitudinales

Los principios que establecen el diseño y uso de obras destinadas a la corrección y a la estabilización de cauces están dirigidos a la regulación y control, total o parcial, de los efectos que la dinámica de los caudales que circulan por los cauces producen en su contorno en forma de procesos de erosión, transporte y sedimentación de los materiales que lo forman.

 

Toda la sistemática de la corrección, está, pues, orientada a controlar estos procesos en el lecho y márgenes, evitando que se incorporen caudales sólidos a la corriente. Se trata, por tanto, de adoptar las medidas necesarias para que no lleguen a formarse estos caudales, o bien, si se han producido, para que queden reducidos al mínimo, por depósito o sedimentación de los materiales.

Obras transversales

En el caso de cauces marcadamente torrenciales, en los que el fenómeno aparece generalizado con un descenso progresivo de los lechos, transporte masivo de materiales, erosiones de márgenes y desestabilización de los macizos adyacentes, el tipo de estructuras que ofrece la solución más simple y efectiva son las obras transversales al eje del cauce, en forma de diques.

La terminología técnica forestal separa el vocablo “dique” del de “azud” o pequeña presa, para remarcar que estas estructuras transversales, los diques, no están orientados al embalse, más o menos permanente, de caudales líquidos, sino que buscan, fundamentalmente, dar respuesta a la tipología de problemas asociados a la consolidación de laderas y lechos de torrentes, barrancos y ramblas y a la retención de caudales sólidos, fenómenos que caracterizan y dan personalidad a ciertos espacios vocacionalmente forestales.

Dique en un afluente del río Nacimiento, Almería

Fuente: J. Nicolás.

Los diques, obras transversales al eje del cauce, son la solución más simple y efectiva para la corrección de cauces torrenciales. (Dique en un afluente del río Nacimiento, Almería).

Los efectos de estas estructuras que cierran todo el perfil del cauce hasta la altura del vertedero son:

  • Establecen un punto fijo en el lecho del cauce, controlando su descenso progresivo.
  • Mientras el vaso de embalse que originan se encuentra sin aterrar, el efecto de presa hace que las aguas embalsadas frenen la velocidad de llegada de los sedimentos, dando lugar a que se depositen los más gruesos y disminuya la proporción sólida del caudal de vertido.

 Dique Santa Cruz de la Zarza, Toledo

Fuente: Archivo TRAGSA.

El efecto de embalse provoca el depósito de los sedimentos en el vaso del dique (Santa Cruz de la Zarza, Toledo).

  • Los depósitos que se producen van formando un aterramiento que eleva el cauce hasta alcanzar la pendiente de compensación, menor que la del cauce natural. (La pendiente de compensación es la que se forma cuando la composición granulométrica de los arrastres del lecho y corriente se iguala, compensándose los volúmenes sólidos que entran y salen del aterramiento.)
  • La elevación del cauce, en el entorno que comprende el aterramiento, da lugar a que el nuevo lecho, elevado y asentado sobre los acarreos retenidos, tenga secciones de mayor anchura, que provocan la circulación de caudales por perfiles de amplia base, con disminución del radio hidráulico igual, sensiblemente, a la del calado de las aguas. De ello, junto a la menor pendiente del aterramiento, se infiere una disminución de la velocidad y por consiguiente de su capacidad de arrastre y erosión.

 Dique en el río Válor, Granada

Fuente: Archivo TRAGSATEC.

La menor pendiente del aterramiento formado disminuye la velocidad del agua y su capacidad de erosión. (Dique en el río Válor, Granada).

  • En cuanto a la acción de este tipo de obra sobre los taludes o laderas que conforman las márgenes del cauce, la cuña de aterramiento adosada a la obra ejerce una función consolidadora, ya sea porque tal cuña sirve de apoyo fijo, no erosionable por debajo del plano del aterramiento estabilizado, ya porque el derribo propio de aquellas laderas irá paralizándose al pie de las mismas, remontándose sobre ellas hasta alcanzar el nuevo plano del terraplén natural de equilibrio, con lo que se habrá anulado sensiblemente, en el intervalo de influencia, la aportación lateral más directa de sólidos al cauce.

 Dique en el río Pleito, Granada

Fuente: Archivo TRAGSATEC.

La cuña de aterramiento consolida y estabiliza los taludes o laderas de las márgenes del cauce. (Dique en el río Pleito, Granada).

Dentro de la múltiple funcionalidad que desempeñan las obras transversales en la corrección de un cauce torrencial, éstas suelen clasificarse, según la función específica para la que estén principalmente diseñados, en:

  • Diques de consolidación, a los que responde fundamentalmente lo expuesto, y que tienen por objeto evitar los fenómenos directos de erosión en los cauces y en las laderas marginales afectadas de inestabilidad.
  • Diques de retenida, destinados a detener la mayor cantidad posible de materiales, sólidos o líquidos, y entre los que se puede distinguir:
    • retenida de materiales sólidos: diques cerrados y diques “semihuecos” o de retenida selectiva.
    • retención de caudales líquidos: diques de laminación y diques de recarga de acuíferos.

     

Dique en el Barranco de las Ovejas (Alicante)

Fuente: J. Nicolás.

Dique de retenida de sedimentos en el Barranco de las Ovejas (Alicante).

 

Dique en el río Negro, Valle de Arán (Lérida)

Fuente: N. Camacho.

Dique de retenida selectiva en el río Negro, Valle de Arán (Lérida).

Dique en el río Rencules, Valle de Arán (Lérida)

Fuente: N. Camacho.

Dique de retenida selectiva y estabilización en el río Rencules, Valle de Arán (Lérida).

Dique en el Llevant (Mallorca)

Fuente: A. Martínez.

Dique de laminación de caudales líquidos en el Llevant (Mallorca), con una gran tronera de fondo de dos metros de diámetro.

Obras longitudinales

Así mismo, para controlar los daños que origina la presencia de fenómenos torrenciales en los cauces, pueden utilizarse las que, genéricamente y atendiendo a su posición con relación al cauce, se denominan obras longitudinales.

En general, y en cuanto al objetivo básico de eliminar la realidad del transporte sólido y sus secuelas, las obras longitudinales limitan su función a evitar la erosión y las inundaciones en las márgenes del cauce, completando la labor a cargo de las obras transversales, que impiden la erosión del lecho. La proyección, pues, de las estructuras longitudinales es más bien de defensa y salvaguarda pasiva frente al proceso torrencial, mientras que la obra transversal incide activa y decisivamente sobre el propio proceso.

Ello no quiere decir que la obra longitudinal no contribuya a aminorar el estado torrencial, pues, indudablemente, si aquélla consolida o refuerza márgenes inestables, o el pie de una ladera erosionable por laminación de las aguas, se ha eliminado una fuente de incorporación de materiales a la corriente del curso. Igualmente, en todo lo que suponga trabajos de saneamiento en terrenos muy húmedos o derivaciones hacia lechos de evacuación no erosionables, la función del diseño longitudinal es de máxima eficacia. Sin embargo, la obra longitudinal se enfoca siempre como solución de determinadas situaciones que inciden o son consecuencia del contexto torrencial y que resuelve localizados problemas, pero resultaría inviable su adopción como técnica exclusiva o, incluso, preponderante para una corrección completa del estado torrencial de un cauce.

Las obras de tipo longitudinal pueden clasificarse según el objetivo principal para el que habitualmente se emplean en los cauces torrenciales en: obras de defensa contra las erosiones laterales, de contención de deslizamientos de laderas, y de defensa contra las inundaciones.

Espigones de mampostería gavionada para defensa de las márgenes

Fuente: Archivo TRAGSA.

Serie de espigones de mampostería gavionada para defensa de las márgenes.

Muro longitudinal de protección de la margen derecha de río Hurdano (Cáceres)

Fuente: Archivo TRAGSA.

Muro longitudinal de protección de la margen derecha de río Hurdano (Cáceres).

Encauzamiento para defensa de la población de Callosa del Segura (Alicante)

Fuente: J. Nicolás.

Encauzamiento naturalizado con lecho no erosionable y rastrillos de fondo acompañado de muros cajeros de escollera, construido para defensa de la población de Callosa del Segura (Alicante).

 

Para terminar este capítulo dedicado a las obras de corrección conviene referirse a un aspecto importante que se debe tener en cuenta: la restauración ambiental de los impactos producidos por las obras. Si bien muchas de estas obras se realizan en sitios poco accesibles y además, la naturaleza por sí misma suele integrar de forma admirable y en cortos periodos de tiempo las obras construidas en los cauces, en determinadas situaciones es conveniente acelerar dicha integración de la obra en el entorno. Así, en zonas cercanas a núcleos habitados o infraestructuras viarias, o con cierta frecuencia de tránsito, se realizan actuaciones como: plantación o siembra, incluso hidrosiembra, sobre grandes movimientos de tierras, revestido de piedra en diques y encauzamientos de hormigón, etc.

Corrección de un cauce

Fuente: E. del Palacio.

Las obras de corrección de cauces suelen integrarse en el entorno de forma natural en un breve plazo de tiempo.

Fuente: MAGRAMA