Agua e infancia: 5 razones que el corazón sí entiende

Para un grupo de escolares en China, el agua es VIDA, y lo mismo dice Omar, de Jordania. Desde UNICEF en Uganda dicen que el agua es tiempo libre, y para una niña de Ghana el agua es transporte. Isabelle, de República Democrática del Congo, dice el agua es una piedra preciosa, una joya. Y para Luba, desde Rusia, el agua es RISA.

 

aguaninaEl agua es vital para los niños.

 

Para un grupo de escolares en China, el agua es VIDA, y lo mismo dice Omar, de Jordania. Desde UNICEF en Uganda dicen que el agua es tiempo libre, y para una niña de Ghana el agua es transporte. Isabelle, de República Democrática del Congo, dice el agua es una piedra preciosa, una joya. Y para Luba, desde Rusia, el agua es RISA.

Juego, dignidad, igualdad, transporte, necesidad, educación, escasez, un derecho, seguridad, FELICIDAD, salud…

Todo esto y mucho más significa el agua, según las respuestas a la iniciativa #WaterIs (#elaguaes), la pregunta que UNICEF lanzaba la semana pasada en las redes sociales con motivo del Día Mundial del Agua 2014.

Desde UNICEF tenemos muy claro lo importante que es asegurar el acceso a agua potable para todos los niños del mundo y para sus familias, y por eso es una de las prioridades de nuestro trabajo.

Aquí van (sólo) 5 razones por las que los niños y niñas necesitan y merecen tener agua para beber, asearse, jugar y ser felices.

Porque tener agua potable para beber y lavarse las manos es un requisito indispensable para crecer con salud, y la mejor vacuna contra la diarrea y otras enfermedades que, en pleno siglo XXI, causan cada día la muerte de 1.400 niños menores de 5 años.

Porque contar con fuentes de agua en sus escuelas logra que muchos niños y niñas estén accediendo a la educación en lugar de emplear su tiempo en buscar agua.

Porque la equidad sólo será posible si las mujeres y las niñas disponen de tiempo para generar ingresos, estudiar y jugar en vez de, como ocurre ahora, asumir el 71% del trabajo para conseguir agua para sus familias; y si la falta de agua segura deja de suponer un riesgo y menos oportunidades para los niños que viven en zonas rurales o barrios pobres.

Porque el acceso al agua y al saneamiento es un derecho humano reconocido por la ONU en el año 2010. Por tanto, es obligación de todos garantizar que se cumple para todos los niños y niñas.

Porque todos queremos ver a nuestros niños crecer sanos y felices, y que el agua sea para ellos un motivo de juego y diversión. No debe ser un trabajo que les haga caminar 6 km al día, ni un riesgo de contraer enfermedades.

Además de entender (con la cabeza) que el agua es vital para los niños, me gusta conectar con el placer (y quizás las protestas) de un bebé que recibe un baño, sea en un campo de refugiados en Jordania o en un apartamento de Valencia; de unos niños acalorados que, en Etiopia o en Cádiz, se toman despreocupados un gran vaso de agua después de jugar.

Me gusta conectar con el asombro de una pequeña que, en el altiplano de Bolivia o en una aldea de Malí, ve por primera vez cómo accionando una bomba manual brota un chorro de agua de la fuente que acaba de instalarse en su escuela.

Y eso está ocurriendo, ahora, en muchas partes del mundo.

Y para que siga ocurriendo y podamos llevar a cero esa cifra, aún demasiado alta, de 768 millones de personas que aún no disponen de agua segura, vamos a seguir trabajando. En especial identificando y atendiendo a los niños y las familias más vulnerables, que viven en zonas más aisladas o que sufren las consecuencias de conflictos o desastres naturales.

Poniendo la cabeza y el corazón y, desde luego, contando con el apoyo de todos.

UNICEF