Informe especial: el agua, recurso vital. San Luis (Ar)

El agua, la pura, la que permite la vida de las personas, las plantas y los animales, es un bien escaso que algunos países están empeñados en desperdiciar, ya sea por falta de medios, de educación o de visión estratégica. Para tomar conciencia del problema que representa, basta con saber que el volumen total de agua en la Tierra es de 1.400 millones de kilómetros cúbicos, pero apenas el 2,5% es agua dulce.

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Y según datos de 2012 del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), a su vez, el 70% de este ínfimo porcentaje corresponde a hielos montañosos y polares y otro 29% al agua subterránea, lo que deja apenas un 1% de agua utilizable para consumo humano y el mantenimiento del ecosistema. Si tenemos en cuenta que la agricultura se lleva el 70% de ese uno, no dan para escandalizarse las profecías sobre una futura “guerra por el agua” con las principales potencias en papel protagónico.

Claro que en la columna de los ‘derrochones’ no habría que incluir a San Luis, que desde hace años invierte mucho dinero en la realización de obras de infraestructura que permiten almacenarla con visión de futuro y utilizarla en la generación de energía y otras fuentes de ingreso, como el aprovechamiento deportivo y turístico. En esta concepción política se encuadra el Plan Maestro del Agua 2012-2025 que fija las pautas que manejará el Estado para seguir contando con las reservas hídricas suficientes.

La provincia entendió hace rato que el cuidado del agua reditúa en beneficios en varias áreas clave para el desarrollo. En el plano social porque toda comunidad la necesita para sobrevivir; en lo económico porque se trata de un recurso generador de valor, esencial para los procesos de transformación de productos en casi toda la cadena; y en lo productivo, ya que es un insumo primordial para la generación de alimentos.

En un territorio donde dominan la escasez y la vulnerabilidad del recurso hídrico, se necesitan políticas de preservación firmes. San Luis se abastece exclusivamente de agua de lluvia, que sólo es abundante en los meses de verano y casi inexistente en el resto del año. Incluso en la bonanza que significa en materia hídrica la época estival, mucha de esa agua termina filtrándose en el suelo al pie de las sierras donde se originan (principalmente las Centrales y los Comechingones), o perdiéndose en otras provincias luego de recorrer largas distancias.

El cambio climático es en ese sentido una amenaza latente que también tiende a ser neutralizado a partir del Tratado de Paz entre progreso y medioambiente, que se ocupa de mantener el crecimiento industrial, comercial y demográfico sostenido que experimentó la provincia sin resentir el ecosistema. Pero este fenómeno, sumado a la deforestación progresiva, aporta su cuota de problemas, ya que las antiguas lluvias calmas que recargaban los ríos y vertientes se han transformado en precipitaciones torrenciales, que no dan tiempo a conformar los bolsones acuíferos naturales. Por eso se hizo indispensable la construcción de embalses que pudieran reemplazar a los reservorios naturales y retener esas aguas para aprovecharlas mejor.

Con las estadísticas apuntando al cielo en varios sentidos, la demanda de agua potable se hizo más ostensible en las últimas tres décadas, por lo que el Gobierno se encargó de fomentar políticas para repartir la población a lo largo y ancho del territorio y abastecer del líquido vital a todas las zonas a través de la construcción de diques y acueductos para, al mismo tiempo que aumentaba la población, pudiera subsistir apostando por la agricultura y la ganadería.

Es tan fuerte el convencimiento de las autoridades sobre los beneficios de mantener una austera política en materia hídrica, que la Constitución provincial, en su artículo 88, declara “de interés público general el patrimonio acuífero (…) siendo incuestionables sus derechos sobre los ríos interprovinciales y limítrofes”. El gran desafío es superar las limitaciones naturales con ingenio y políticas activas que permitan multiplicar la disponibilidad de agua. Para ello hay que concientizar a la población sobre la importancia de racionalizar su uso, planificar para el futuro y ser eficientes en la distribución, premiando a las inversiones productivas y a aquellos que apuestan por ampliar las fronteras sociales de la provincia.

El Diario La República