“Homo Economicus y Agua”, por Victoria Aragón

El homo economicus, representante de la sociedad patriarcal que como tal no asume el cuidado y se rige por las leyes del mercado, se erige como una variable determinante en la degradación ambiental, sus mecanismos de producción y transporte contribuyen a la deforestación y fragmentación de las cuencas.

 

El agua es un elemento imprescindible para el ser humano. Además de la importancia vital para nuestra continuidad (somos agua en alrededor de un 70%), nuestra especie tiene un fuerte lazo social que le une al elemento en una relación de dependencia. Las grandes civilizaciones humanas se levantaron en torno a los grandes ríos, el agua es lugar de ocio, de placer, de salud, de meditación, de cultos, de ritos…

Sin duda pocas especies, por no decir ninguna, tienen un vínculo tan estrecho y plural como el ser humano, siendo paradójico que seamos a la vez sus principales depredadores. El homo economicus, representante de la sociedad patriarcal que como tal no asume el cuidado y se rige por las leyes del mercado, se erige como una variable determinante en la degradación ambiental, sus mecanismos de producción y transporte contribuyen a la deforestación y fragmentación de las cuencas.

dineroagua

En su carrera de devastación de la naturaleza, la planificación hidrológica del último siglo impuesta por políticas de oferta insostenibles, ha respondido a un ideario de dominación al margen de la racionalidad y la eficiencia. Es irracional porque no tiene en cuenta la multifuncionalidad de las cuencas, y es ineficiente porque no proporciona un mayor valor añadido, ni cubre las necesidades reales que tiene la población.

Desgraciadamente la insostenibilidad va en aumento, la nefasta gestión del pasado, que amenaza continuidad en el presente, se ve agravada por los impactos ya visibles del Cambio Climático en el ciclo hidrológico y en la funcionalidad de las cuencas.

En esta suerte de mala praxis fruto de la ignorancia y la codicia, los grupos sociales más afectados por las consecuencias de la escasez y calidad del recurso son los estratos sociales más vulnerables, los pobres y las mujeres.

No obstante cada vez se levantan más voces contra la miseria. Así, por ejemplo, desde el feminismo se han abierto debates en torno a la sostenibilidad que han aportado una nueva crítica al paradigma patriarcal y su lógica androcéntrica, que relega lo femenino, la naturaleza, al ámbito de lo débil y domesticable. Pero más allá del reconocimiento del patriarcado, el ecofeminismo nace de la conciencia de la existencia de una sólida relación entre el género y el medio ambiente, en una interacción entre feminismo y ecologismo. Esta corriente se interesa por la participación de las mujeres en situación de equidad y empoderamiento de género, como una condición necesaria para mejorar el ordenamiento de los recursos hídricos.

Victoria Aragón García
Dra. en Ciencias Sociales – Universidad de Murcia

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