Finisterre: de charca a pantano

Terminada la obra el 31 de diciembre de 1997, el embalse de Finisterre, en el término de Tembleque y afectando también a los de Mora, Villanueva de Bogas y Turleque, se diseñó con unas ambiciosas pretensiones hidrológicas que durante décadas no se cumplieron. Es más, hasta se llegó a pedir a principio de los 2000 la demolición de la presa «por inútil».

 

finisterre--644x362Una de las cuestiones que más en tela de juicio se puso fue la de proyectar en la cuenca de un río como el Algodor, con tan poco caudal, el que por superficie era el mayor de la provincia de Toledo. Sus 133 hectómetros de capacidad total superaban los 113 del embalse de Azután, en la zona de Talavera. Lo cierto es que las expectativas nunca se cumplieron. Resultaba verdaderamente patético comprobar cada semana, y año tras año, cómo el aforo no pasaba apenas de los tres hectómetros cúbicos.

Las críticas ante semejante situación cíclica sin posibilidades de revertirse arreciaban desde algunos sectores. Así, en marzo de 2003, coincidiendo con el Día Mundial contra los Grandes Embalses, Ecologistas en Acción solicitó al Ministerio de Medio Ambiente la demolición del embalse de Finisterre. A través de un informe, la organización naturalista constataba que esta presa estaba ocasionando «graves» daños ambientales y, lo que aún es peor, no cumple la función para la que se levantó, pues apenas recoge agua. En esa época, el embalse alcanzaba un aforo de solo 10 hectómetros cúbicos de agua, lo que representaba el 7,5 por ciento de su capacidad.

Ecologistas en Acción recordaba en el documento presentado ante el departamento ministerial que el embalse ha dejado de funcionar como garante del abastecimiento de los 45 municipios que conforman la Mancomunidad del Río Algodor, que suman un total de 150.000 habitantes, siendo necesaria la habilitación de una canalización desde Entrepeñas y Buendía, desde la presa de La Almoguera, para asegurar el suministro a estos municipios.

Por todas estas razones, el colectivo ecologista reclamó a la entonces ministra de Medio Ambiente, Elvira Rodríguez, la demolición de esta infraestructura hidráulica «que carece prácticamente de utilidad», de modo que se pueda proceder a renglón seguido a la recuperación ambiental del cauce del río Algodor, que contaría así con su caudal natural, así como a la replantación del bosque de ribera autóctono. La intención de Ecologistas en Acción era también que el vaso del embalse obtuviese la declaración de reserva natural y, de esta forma, se podría evitar la actividad cinegética que se practica en la actualidad.

La organización naturalista consideraba que el mantenimiento de una infraestructura pública carente de funcionalidad no tenía sentido y, por ello, «la solución más sensata es su desaparición».

Pero las cosas hoy día han cambiado. En este caso, como es obvio, todo depende de si llueve o no. Por eso, el haber tenido el mes de marzo más lluviosos que se recuerda en décadas ha producido una transformación brutal del embalse.

Pocos eran los que podían imaginar que las aportaciones que se produjeron a través de las sucesivas semanas del mes de marzo -de más de 15 hectómetros en ocasiones- iban a elevar el aforo actual, de ayer mismo, hasta los 55 hectómetros cúbicos. Su aspecto, por tanto, ya es de un auténtico pantano.

Esos números suponen que ya es el tercer pantano de la provincia por agua embalsada en este momento, tras el de embalse de Rosarito, que almacena 75 hectómetros de los 82 de capacidad que tiene, y el de Azután, que embalsa 70 hectómetros con un aforo total de 113 hectómetros.

ABC