El precio del agua embotellada es mil veces superior a la del grifo en España

Un estudio revela que la calidad de la que discurre por las cañerias es incluso superior a la que se compra y alerta de las propiedades de ambas son muy similares.

 

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El precio del agua envasada en España es hasta mil veces superior a la del grifo, a pesar de que su calidad, en muchas ocasiones, es incluso superior a la embotellada. Así lo ha indicado este lunes el coordinador del Departamento de Economía del Agua del Instituto IMDEA Agua y consultor internacional de las Naciones Unidas, Gonzalo Delacámara, durante la presentación del Foro de la Economía del Agua que se celebrará el próximo viernes día 8, organizado por la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).

A pesar de la similitud de las propiedades del agua embotellada y de la que discurre por las cañerías, «se confunden prioridades» ya que se considera que este recurso es «universal, barato y de calidad», según el economista. El gasto medio de una familia española asciende a 240 euros, «solo» el 0,9 % de su presupuesto total.

Ha defendido también que a pesar de que el agua del grifo presente un sabor diferente, un poco más de turbidez o más cal, «no significa que no sea potable o sea mala».

Entender todo el ciclo del consumo del agua «antes y después» del uso doméstico, es el principal desafío actual que afecta a toda la ciudadanía y, además, muchas plantas de tratamiento «no están funcionando actualmente», ha denunciado.

La crisis económica ha propiciado la carencia de recursos económicos necesarios para renovar infraestructuras «en creciente obsolescencia», así como la incapacidad para adoptar medidas ante el cambio climáticoo evitar los cortes de suministros, derivados de la pobreza energética.

Tener una perspectiva integrada en lugar de sectorial (hogares, industrias e hidroeléctricas), coordinar políticas (vincular la gestión sostenible y desarrollo económico) y obtener el compromiso de toda la sociedad, son algunas de las soluciones propuestas por el experto.

En el futuro, el mundo se enfrentará cada vez más al denominado «estrés hídrico» y la consecuente dificultad de acceder a agua potable, el creciente consumo de agua contaminada por residuos o el problema de la falta de saneamiento, como la falta de retretes.

En el caso español, este estrés aumenta especialmente en los meses «más secos» -entre mayo y noviembre- debido al turismo: en el 2015 llegaron al país 68 millones de turistas y se concentraron en el arco mediterráneo, lo que afecta a la garantía del abastecimiento de agua y de energía eléctrica.

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