El caso de las avionetas espanta-nubes

Misterio. Las apariciones nunca quedaron claras. Hubo opiniones para todos los gustos, hasta los que pensaban que con la retirada de las nubes buscaban las ruinas de las cosechas

 

avioneta espanta lluvia

DESDE mediados de la década de los ochenta hasta los noventa, el tema de las famosas avionetas espanta nubes para alejar las lluvias en la zona norte de la provincia de Almería fue la comidilla de los agricultores. Estas apariciones ocuparon páginas en los periódicos, revistas de tirada nacional como Interviú y programas en las televisiones. En todo ese tiempo hubo comentarios y afirmaciones para todos los gustos. Había muchos escépticos y otros muchos más que ponían la mano en el fuego defendiendo la existencia de estas avionetas, que con la retirada de las nubes buscaban las ruinas de las cosecha.

Como ocurre ahora, antes apenas llueve y eso siempre ha conmovido el campo. En esos años no todos achacaban esa precariedad pluviométrica a los caprichos de la meteorología. Los agricultores del sureste llevaban las de veinte años, culpando de sus penurias a una extraña alianza entre ciencia y tecnología por la escasez de precipitaciones. Y en esta zona tuvo su máximo apogeo la polémica que aún perdura entre los agricultores sobre las avionetas «espanta nubes». Un asunto que científicamente parece ya cerrado, pero que desde Pulpi hasta Los Gallardos, pasando por Puerto Lumbreras, Lorca, y otros municipios murcianos existe una notable creencia popular de que la lluvia no llegaba por intereses de las multinacionales agrícolas. Pese a la opinión de los expertos la polémica para muchos habitantes del lugar no está, ni mucho menos, cerrada.

En la localidad murciana de Puerto Lumbreras salieron el 16 de octubre de 1994 a la calle alrededor de unos 3.000 agricultores almerienses y murcianos – unos 2.000 según la policía Local y más de 6.000 según la Unión de Agricultores y Ganaderos (COAG-UAGA)- para clamar contra la actuación de estas misteriosas avionetas que disolvían las nubes cargadas de agua con mercurio y yoduro de plata. Fueron bautizados por los agricultores de la zona norte de la provincia de Almería y del levante como las enigmáticas avionetas espanta-nubes.

Según se supo entonces sus efectos alcanzaban una veintena de pueblos almerienses dedicados al cultivo de cítricos y hortalizas, y a la ganadería, aunque entonces el sindicato agrario UAGA no llegó a cifrar los daños causados. Esta imprecisión desaparecía entre las pancartas que portaban los manifestantes en las que se leía: “Avión asesino, tira mercurio y mata ganado”.

Consciente de la insólita protesta Juan Manuel Morillas entonces secretario de organización de UAGA en Almería, justificó las razones de la protesta y la masiva manifestación manifestando ante los medios de comunicación venidos desde diversos puntos del pais que “muchos creerán que estamos locos o que somos incultos” pero, agregó, “nuestra presencia aquí prueba que llevamos razón”.

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