Dentro de poco pagarás mucho más en tu factura del agua

«Para satisfacer las necesidades básicas habría que incrementar el precio hasta en un 100%», señala tajante el presidente de AEAS. El Gobierno, incide Morcillo, tiene un papel fundamental en este sentido a la hora de trasladar a la sociedad que este esfuerzo es necesario

 

agua-alimentos--620x349 (1)Consumo de real de agua hasta que estos productos llegan a casa – GRÁFICO: LUIS CANO

Dedique unos minutos a pensar en el importe de su última factura del agua. ¿Lo sabe? Probablemente la cantidad sea mínima y no recuerde la cifra con claridad. ¿Sabe, no obstante, cuánto pagó el último mes en su recibo de la luz? Seguro que ahora la cosa cambia. Por fortuna para nosotros, el precio del agua que consumimos es tan reducido que, incluso aunque dejáramos el grifo abierto durante un largo periodo de tiempo, la cantidad a pagar continuaría siendo perfectamente asumible para nuestro bolsillo.

Sin embargo los excesos —incluso cuando se trata de bajos precios— acaban saliendo caros. De hecho, que paguemos tan poco por el agua que empleamos en nuestro día a día no es del todo positivo y, a la larga, podría tener consecuencias graves. Así lo asegura, al menos, Fernando Morcillo, presidente de la Asociación Española de Abastecimiento de Agua y Saneamientos (AEAS) y para quien el problema es más importante de lo que parece. «En términos de precio por consumo de agua, España está muy por debajo de la media europea a pesar de ser uno de los países con menos recursos en lo que se refiere a este bien preciado». Nuestro país tiene, dice el presidente de AEAS, demasiada infraestructura que renovar y mantener para garantizar el perfecto abastecimiento de generaciones futuras algo que, de no modificarse la actual política de precios, no podrá llevarse a cabo.

AGUA PRECIO

«El precio que pagamos en nuestra factura del agua no entra dentro de la normalidad —prosigue el responsable de la asociación—. En 2013 la Fundación Aquae llevó a cabo un estudio que medía el esfuerzo de los ciudadanos en este sentido en comparación con el de otros europeos. Los resultados son claros: pagamos mucho menos que el resto».

¿Por qué gravar más al ciudadano?

¿No debería el Estado dedicar parte de su presupuesto a solucionar el problema? En España, subraya Morcillo, «existen una serie de subvenciones por parte de la Administración que deberían haber servido para cambiar la situación. Dichas ayudas tendrían que haberse empleado en renovar instalaciones básicas cuya revisión es obligada, pero no ha sido así». En los últimos años, explica a ABC el presidente de AEAS «no se ha destinado la necesaria cuantía a renovar infraestructuras. Debido, quizás, a la mala situación de nuestra economía en los últimos años, el Estado no ha invertido los recursos suficientes para tal fin».

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