Algo turbio en el lago de Sanabria

El efecto espejo que encandiló a Miguel de Unamuno en el lago de Sanabria, ubicado en un parque natural de la provincia de Zamora que recibe unos 700.000 visitantes al año, no ofrece la misma imagen en función de quien analiza sus aguas. La denuncia pública de una serie de vertidos fecales, que en los últimos días se están arreglando, ha dado la alerta sobre el estado de salud de la mayor superficie de agua glacial de la península Ibérica.

1384722309_520749_1384722502_noticia_normalEl lago de Sanabria es la mayor superficie de agua glacial de la Península./CLAUDIO ÁLVAREZ

 

La Estación Biológica Internacional (EBI), empresa que gestiona un catamarán de turismo ecológico y realiza estudios en la zona, ha advertido de que las condiciones del lago están cambiando a peor y que a medio plazo la situación será irreversible. Sus conclusiones están avaladas por una treintena de científicos, muchos de ellos de reconocido prestigio. La Junta de Castilla y León defiende que la calidad de sus aguas es buena, y que incluso ha mejorado. Las imágenes que les ofrece este preciado lago son totalmente diferentes.

La Guardia Civil está investigando los vertidos y la situación de las depuradoras. La EBI ha denunciado en la comandancia de Zamora que se está intentando camuflar los vertidos, algo que se suma a la querella que interpuso en septiembre contra las Administraciones y personas responsables de su control. El entorno, catalogado como Red Natura 2000, ha recibido entre 15 y 20 millones de Fondos Europeos de Desarrollo Regional (Feder), según cálculos de los denunciantes. De esos fondos, unos seis millones se destinaron a la construcción de depuradoras cuyo correcto funcionamiento ahora se cuestiona. Los vertidos están prohibidos por la Unión Europea en cualquier ecosistema de la Red Natura.

EL PAÍS ha comprobado al menos tres de esos puntos de vertido. A las 18.00 horas, junto al embarcadero de la playa Custa Llago, la principal del lago de Sanabria, se ve con dificultad el fondo, a dos metros de profundidad.

1384722309_520749_1384722659_sumario_normalLos vecinos de Ribadelago Nuevo, núcleo con 107 habitantes, toman los vertidos fecales como algo habitual. Viven al lado del lago y aseguran que el cambio de sus aguas es notable. El miércoles pasado se celebró una junta vecinal a las 18.30. Cuando faltaba media hora para la reunión, comenzaron a aparecer los clientes en el único bar que había abierto. Pedro, con mono de trabajo azul, chaquetón negro desgastado y un gorro de lana azul marino calado, pide una cerveza templada. “Estoy mal de la garganta”, se excusa. Habla de parcheado y mal diseño de la depuración de agua en la zona, de que hay puntos que vierten directamente al río Tera, apenas a 200 metros del lago. Describe con todo detalle los excrementos. “He destapado con una hoz las zonas por las que se vierte”, reconoce, “en verano el olor es insoportable”. César, con chaleco repleto de bolsillos, pide un rioja. “La pesca ha podido bajar un 70% en los últimos 10 años, ahora apenas hay truchas o bogas”, estima. En la barra del bar, antes desierta, se crea cierto ambiente. Una decena de vecinos comentan animados las idas y venidas de los técnicos de las depuradoras y los trabajos que se están haciendo en los últimos días. “Antes estaban llenas de telarañas”, dice una de ellas, que pide que no se la identifique porque “al final todo es política”. “Los trabajadores las limpiaban, pero si estaban rotas eso ya no era cuestión suya”, añade. Esta mujer reconoce que nunca había visto tanta presencia de algas en el lago donde se baña. “Aquí se ha sabido siempre lo de los vertidos, pero nadie decía nada”, comenta resignada.

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