El regadío y su encrucijada

En la sede de la comunidad de regantes de Almudévar, a 20 kilómetros al sur de Huesca, hay mucha actividad en verano. Es época de riego para los cultivos que se recogerán en noviembre, y desde el ordenador de la oficina se controla todo: cuándo empiezan a escupir agua los aspersores y cuándo paran, teniendo en cuenta las franjas horarias en las que la electricidad es más barata; si en algún punto ha fallado y hay que volver a empezar…

 

regaRegadíos en Almudévar (Huesca). / DAVID ASENSIO

 

Así es desde que modernizaron el sistema hace tres campañas, aunque el proceso empezó hace algo más de diez años. Entonces había muchas resistencias entre agricultores escépticos; ahora ya no, asegura Antonio Alastrué, presidente de la comunidad de regantes. Hasta la llegada de la tecnología, la producción media de maíz era de 10.000 kilos por hectárea y ahora es de 14.000. Se han gastado 45 millones de euros en el proceso, de los que casi cuatro millones los puso la Unión Europea a fondo perdido, otros 15 se devolverán a los bancos durante 25 años; entonces, tendrán que empezar a devolver el resto, que lo puso el Gobierno.

Desde el año 2000 se han invertido más de 3.800 millones de euros en modernización de regadíos en España, entre la UE (925 millones), el Gobierno central y las autonomías (1.718 millones) y los regantes, según los datos del Ministerio de Agricultura. Eso, en los sistemas comunes, sin contar lo que han invertido los agricultores en sus propios campos, que elevaría la cifra hasta los 5.000, según la Federación Nacional de Regantes (FENACORE).

Hoy, 14 años después, tras la modernización de 1,5 millones de hectáreas (casi la mitad de la superficie regada), agricultores y Administraciones dan por buena la mejora de la productividad, la flexibilidad para poder elegir los cultivos más rentables y la eficiencia en el uso del agua, un recurso escaso que se aprovecha mejor con las tecnologías de riego.

Sin embargo, el aumento en los últimos años de la factura eléctrica y los crecientes requerimientos ambientales a un sector que se bebe casi 7 de cada 10 litros de agua que se consumen cada año en España condicionan el futuro de un sector que ha crecido al abrigo de esa modernización: la superficie de regadío ha aumentado desde 2002 en algo más de 173.000 hectáreas hasta llegar a los 3,5 millones de 2013. Además, supone el 2% del PIB español y da empleo al 4% de la población ocupada en España.

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