El plan del Júcar prima el regadío de Albacete frente al suministro de Valencia

El plan de cuenca del Júcar amenaza con volverse en contra de los intereses de la Comunidad. Hasta el punto de que regadíos de nueva implantación en el interior de Albacete, sin contacto con el Júcar, podrían tener preferencia sobre sus caudales respecto al abastecimiento de la ciudad de Valencia.

 

AZUDMARQUESA.jpg Producción ABC.

Tal como está concebido en la actualidad, el decreto de demarcación del Júcar –que define el ámbito territorial de la cuenca– podría incluir a diversas cuencas endorreicas (sin salida al mar) de la provincia de Albacete, que en realidad no vierten sus aguas en el Júcar y, por tanto, no deberían formar parte del sistema.

El efecto práctico de dicha inclusión es que el territorio de Castilla-La Mancha superaría en peso específico al de la Comunidad, dado que ese mismo decreto de demarcación contempla segregar el sistema Vinalopó-Alacantí y el Turia de la cuenca del Júcar. De esta forma, los regadíos de Albacete ganarían derechos hídricos sobre el Júcar, y al mismo tiempo, tanto el Vinalopó-Alacantí como la cuenca del Turia dejarían de pertenecer al sistema, por lo que sus derechos estarían en un segundo plano respecto a los de las citadas cuencas endorreicas. Es decir, los regadíos de Albacete sin contacto directo con el Júcar tendrían preferencia a la hora de repartirse caudales respecto al Vinalopó y el Turia.

El principal damnificado por esta nueva ordenación de los recursos sería el trasvase Júcar-Vinalopó, que pasaría al último lugar en el reparto de sobrantes. Pero el decreto de demarcación actual también podría poner en riesgo el suministro de Valencia.

Vital para el suministro

Cabe recordar que Valencia y otras 44 poblaciones de su área metropolitana «beben» del agua que llega a través del canal Júcar-Turia. Con la entrada de las cuencas endorreicas de Albacete en el sistema del Júcar y la segregación del Turia, el canal pasaría a convertirse en un trasvase entre cuencas, por lo que los nuevos regadíos castellano-manchegos tendrían siempre preferencia. Es decir, hasta que no se cubriese la demanda de dichos regadíos no se liberarían caudales para el canal.

La dependencia de Valencia del citado canal es, además, muy acusada. De cada cuatro litros que llegan al área metropolitana, tres proceden del Júcar y uno del Turia. Si se corta el canal, la ciudad solo dispone de agua para seis horas. Esa es precisamente una de las «debilidades» que debía resolver el plan de cuenca.

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