El Parque Natural de la Albufera de Valencia lanza su último grito de auxilio

El escritor Vicente Blasco Ibáñez, a principios del siglo XX, describía a La Albufera como un lago de un metro de profundidad. El autor de Cañas y barro ambientó su novela en lo que era un entorno idílico de aguas cristalinas y dominado por interminables campos de arroz. Hoy, cien años después, ese lago está en mínimos históricos, incluso los pescadores señalan lugares en los que ya no se puede navegar y donde el nivel del mar ha disminuido 20 centímetros en apenas unos meses.

 

Imagen satelital de la Albufera de Valencia / WIKIPEDIA

 

Este Parque Natural es, desde el año 1991, una Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y está incluido en la Lista de Humedales de Importancia Internacional del Convenio Ramsar. Además, posee una población de especies recogidas en la directiva comunitaria conocida como “Hábitats”. Pese a ser una zona especialmente protegida del Mediterráneo, las decisiones políticas sobre las aportaciones hídricas que deben llegarle están provocando una situación de peligro que se ha visto incrementada con la entrada en vigor del Plan Hidrológico de la Demarcación Hidrográfica del Júcar, el pasado julio.

El plan fija las normas de gestión de la cuenca del río y en él se marcan los caudales que deben ir a La Albufera. En este caso, se establece que las aportaciones hídricas al Parque Natural serán como mínimo de 167 hectómetros cúbicos (hm3) y no se asegura que sea agua de calidad. Así, su caudal se renovará sólo siete veces al año a través de las golas (canales) que actúan como salidas naturales al mar. Durante los años 70 recibía 500 hm3, lo que significaba que cada año sus aguas se renovaban 20 veces.

Leer artículo completo en diario LA MAREA