El Ebro echa al mar en dos meses el agua que permitiría regar durante más de un año

En un par de meses, la cuenca del Ebro ha tenido que echar al mar, por falta de embalses, más de 4.600 hectómetros cúbicos de agua. Con la que se ha dejado correr, se tendría garantizado el consumo en toda esta parte de España durante más de un año. Pero no hay presas suficientes con las que retener los caudales cuando sobran, y eso hace que haya poco margen de maniobra para guardar reservas cuando se puede y, así, suplir carencias cuando hay sequías. Es un mal que se repite cada pocos años en una cuenca hidrológica que sigue arrastrando un acusado déficit de regulación. Aragón es la región más afectada por esta situación, una Comunidad autónoma que lleva décadas esperando que se construyan embalses prometidos.

 

 

ebro_inundacion2--644x362Las intensas lluvias y nevadas de enero se tradujeron en inundaciones, pero no en incrementos de las reservas. Los embalses a los que llegaban los caudales tenían ya poco margen libre como para retenerlos, y al final acababan en un Ebro desbordado que ha dejado pérdidas multimillonarias por inundaciones en los municipios ribereños de Aragón.

Según los datos oficiales recopilados por ABC, desde el 4 de enero al 25 de febrero pasados, el Ebro ha echado al mar 4.605 hectómetros cúbicos de agua. Es el equivalente, por ejemplo, a tres embalses completos como el gran pantano de Mequinenza, el mayor que hay en toda la cuenca del Ebro.

El problema que genera la falta de embalses es doble. De una parte, son piezas que ayudan a escalonar las crecidas de los ríos, así que si faltan es más difícil evitar inundaciones; de otra, son esenciales para convertir el agua en riqueza a través de usos como la agricultura o la industria.

La tremenda cantidad de agua que se ha dejado escapar en el último mes y medio es sólo una parte de toda la que se perderá este año. Hay que tener en cuenta que aún está por llegar el deshielo de la primavera, que convierte en agua toda la nieve que acumula el Pirineo.

En estos momentos, la parte de la cordillera que vierte a los ríos de la cuenca del Ebro suma 1.400 hectómetros cúbicos en forma de nieve. Pero difícilmente podrá guardarse el agua del deshielo porque los embalses de la margen izquierda del Ebro, a los que llegan los caudales del Pirineo, ya están a casi el 70 por ciento de su capacidad máxima, y siempre hay que dejar hueco libre como medida de seguridad en los pantanos.

Los agricultores aragoneses llevan décadas quejándose con amargura de la falta de embalses que frena las posibilidades de desarrollo de los regadíos. Los sindicatos agrarios insisten en que no es lógico que, como ha ocurrido ya en muchas ocasiones, después de un año de riadas tengan que sufrir otro de sequía porque el agua que podía haberla evitado se dejó pasar sin poder guardarla. Esta última campaña ha sido ejemplificadora: en Aragón ha habido de todo, una sequía que diezmó las cosechas el año pasado, y unas riadas que han dejado multimillonarias pérdidas por inundaciones.

El palmario ejemplo de Yesa

Ejemplos abundan. El emblemático embalse de Yesa, que nutre una de las áreas de regadíos más importantes de Aragón, no ha podido aprovechar ni un litro de la gran cantidad de agua que le ha llegado en los dos últimos meses. Está a más del 80 por ciento de su capacidad máxima, igual que a principios de enero. Toda el agua que le ha llegado, y ha sido mucha, la ha tenido que dejar correr porque tiene que dejar margen libre en previsión, por ejemplo, del deshielo.

El embalse de Yesa, que lleva décadas esperando ser recrecido y que hoy por hoy tiene una capacidad máxima de 447 hectómetros cúbicos, ha dejado correr en este par de meses 570 hectómetros cúbicos de agua. Es decir, agua suficiente para llenar embalse y medio más.

ABC