El dragado de la Confederación pone en peligro al andarríos chico en el Sella

La Coordinadora Ornitológica, que contabiliza 859 aves en el censo de invierno, alerta sobre la desaparición de tres de las cinco parejas que criaban

 

 

Un ejemplar de garza real.

Un ejemplar de garza real.

Tres de las cinco o seis parejas de andarríos chico que criaban en el río Sella ya no lo harán más después de las obras de dragado que la Confederación Hidrográfica del Cantábrico realizó el año pasado. Así lo afirma Adrián Vigil, miembro de la Coordinadora Ornitológica de Asturias (COA), que además participa en el censo anual de aves acuáticas.

Los pedreros del río conocidos por los pescadores como «Lladuengu», «Rozaones» y «El Aliso» desaparecieron con el dragado y «las tres parejas de andarríos chico que criaban en ellos, ya no crían», apunta Vigil. En toda Asturias hay sólo veinte parejas de esta especie y su falta se notará en la próxima invernada.

El censo de la actual se realizó entre el lunes y el martes y Vigil contó nueve ejemplares de esta especie limícola. En total son 859 aves de 21 especies las que pasan el invierno en el Sella, de las que muchas llegan escapando de latitudes más frías y en busca de comida. Sin embargo este invierno, al igual que sucedió en los anteriores, hace mucho frío en el Este y Norte de Europa, pero no en la parte central. Esto hace que especies como la avefría, que con un invierno severo en Europa pueden llegar a contarse por miles en el Sella, no se haya presentado aún.

Claro que si en los próximos días el temporal de frío llegara, las aves se desplazarían hacia la comarca, pero ya no entrarían en el censo. «Se hace en toda Europa entre el 5 y el 20 de enero, la semana anterior y la posterior al día 15, y podrían contarse dos veces o más», apunta el miembro de la COA. Esto es, si por ejemplo en Francia ya han censado a las avefrías y el frío las empujara a Ribadesella, si también se incluyesen se estaría haciendo por duplicado.

«En general, hay algo menos», señala Vigil, quien sabe que en otras rías como el Eo y el Nalón también se han contado menos aves. «Estarán en otro país», explica descartando todo motivo para la alarma y antes de añadir que «como no hay frío bastante, no están aquí».

Además del caso del avefría, en el censo de este año han salido otros datos curiosos: disminuyen un poco los ánades reales (patos), de los que se han contado 201 ejemplares; hay muchas menos cercetas comunes (61) y han avistado dos ánsar comunes, los llamados gansos salvajes, poco frecuentes en la zona. De otras limícolas como la agachadiza común se han contado 51 aves, cuando, según apunta Vigil, «en los últimos tres o cuatro años pasaba de 200 en la ría del Sella, hay especialmente pocas».

Otro hecho singular es que las gaviotas patiamarillas, las normales, han cambiado de residencia para pernoctar y se ven en menor número que de costumbre.

«Dormían en Arra y es el primer año que no están», destaca el miembro de la COA, que comprobó, tras visitar el acantilado, que «la colonia está vacía, quizás estén invernando donde hay comida».

Otra de las especies poco frecuentes por estas latitudes y que sin embargo este año ha aparecido es el colimbo grande, una especie de pato marino del que se ha visto un ejemplar. Lo de censar aves acuáticas tiene, como todo, una ciencia y un método. Hay que conocer las costumbres y características de cada una y saber qué momento es el mejor para contarlas con acierto.

«Al ánade real hay que buscarlo con marea baja, sin piragüistas, cuando están tranquilos», apunta Vigil. Al andarríos chico, sin embargo, es necesario contarlo en marea alta, cuando todos los ejemplares se juntan. Las garzas y garcetas, por otra parte, hay que buscarlas «al oscurecer, cuando van a dormir juntas al Malecón» y los cormoranes grandes se retiran a descansar a la costa para regresar al amanecer.

De todas estas aves, las que no crían en el Sella se irán en la primavera, conforme se acerque la época de celo. Quedarán el ánade real, la gaviota, la gallineta, el rascón y el martín pescador. Vigil recuerda que «puede quedar alguna garza y algún cormorán», pero son ejemplares jóvenes entre cuyas prioridades no está el apareamiento y posterior cría.

Fuente: LNE