Dragado del Guadalquivir: “El arroz y el daño en las orillas”

Miguel Arias Cañete, ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, descartó a mediados de marzo que la ampliación del dragado del Guadalquivir se pueda hacer “automáticamente” por los daños que se generarían en Doñana y en los cultivos. De analizar las potenciales afecciones al espacio natural ya se encargó la comisión científica que en noviembre de 2010 concluyó que el proyecto debía desestimarse.

 

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De los daños a los cultivos, principalmente del arroz, han alertado los regantes. Feragua, Asaja y la Federación de Arroceros de Sevilla han mostrado su rechazo al proyecto si no se acomete una modernización del regadío que les permita dejar de depender del Guadalquivir. Esa modernización costaría unos 180 millones, según Julián Borja, presidente de la Federación de Arroceros de Sevilla.

Las tres organizaciones afirman que tienen el compromiso del ministerio de que es necesario “acometer las medidas compensatorias del dragado, como condición ineludible a su ejecución”. Y, según los agricultores, entre esas medidas estaría la costosa modernización del regadío. Desde que se empezó a hablar de la ampliación del dragado del último tramo del Guadalquivir, los regantes advertían del aumento de la salinidad que se podría provocar al entrar las mareas en el estuario con más fuerza. Sin embargo, en la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) de 2003 se rechazaba que ese aumento de la salinidad fuera suficientemente significativo. Miguel Losada, autor del completo informe sobre el estuario de 2010, comparte esa visión.

Para Losada el principal problema —tanto para los arroceros como para Doñana— sería el daño en las márgenes del río. Al profundizar en el calado del estuario, el río tendería a erosionar las márgenes para rellenar lo dragado. “Se comería las márgenes para cargarse de sedimentos”, detalla Losada. Este experto del grupo de Dinámica de Flujos Ambientales de la Universidad de Granada critica que la DIA de 2003 ni siquiera contemplara este problema. “Se decía que la erosión se provocaría por las olas que levantan los barcos”, algo que, según Losada, no tiene la suficiente entidad como la propia fuerza del río. Losada opina que debería diseñarse un costoso sistema de escolleras para evitar el daño en las orillas si se quiere ampliar el dragado.

El País