Doñana amenazada

Es primavera, pero la marisma está muy seca. «Ha llovido la mitad de lo normal», dice Juan José Negro, director de la Estación Biológica de Doñana del CSIC, mientras el vehículo todo terreno en el que viaja avanza por un camino polvoriento de arena de playa que, en esta época del año, debería estar cubierto de barro. «El agua es el gran reto de Doñana», admite.

 

13984569624966Pajarera de Doñana al amanecer / JOAN COSTA (CSIC)

 

Pero Negro no se refiere a la de lluvia. Ni siquiera a la de las marismas que se llenan en invierno y se vacían en verano de forma natural. El problema son las aguas subterráneas que hacen aflorar las lagunas de interior que nutren a la fauna del parque nacional y a la agricutura y a los pueblos de la comarca.

El entorno del Parque Nacional está rodeado de cultivos como el fresón e incluso arrozales. De todos estos campos sólo 506 pozos extraen el agua del subsuelo con permiso. Pero la propia Confederación Hidrográfica del Guadalquivir estima en más de 1.000 los pozos que extraen el agua de forma ilegal, mientras los regantes de la zona estiman en más de 2.000 el número de sondeos irregulares. La falta de agua es la gran amenaza que se cierne sobre el emblemático espacio natural, pero no es la única. La ampliación de un gasoducto que prevé inyectar gas bajo Doñana o la posible reapertura de la mina de Aznalcóllar, que ya causó uno de los peores desastres ambientales de la historia de España hace ahora 16 años, son sólo algunos de los peligros que acechan a una de las joyas de la naturaleza europea 50 años después de que fuese salvada de la desecación por una iniciativa internacional liderada por el joven naturalista José Antonio Valverde.

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