¿Conoces la huella hídrica?

La primera norma mundial sobre la Huella de Agua (ISO 14046), en la que han trabajado durante cinco años expertos de veinte países, no se limita a medir el consumo de agua sino los impactos ambientales que se derivan de la fabricación de un producto durante todo su ciclo de vida. Al contrario de la conocida huella de carbono, la del agua aún es de incipiente aplicación en España y además se centra en cuantificar el volumen de agua gastada dentro de la propia instalación industrial u organización, no fuera de ellas.

 

agua-en-una-hojaGotas de agua en una hoja. /José Jácome (EFE)

 

No es un asunto baladí si se tiene en cuenta que más del 95 % de la huella de agua de unos pantalones vaqueros se encuentra en la fase de obtención de la fibra y más del 90% para la producción de un refresco a base de azúcar se halla en su cadena de suministro.

 

El concepto lo introdujo el holandés Arjen Hoekstra

El concepto de huella hídrica fue introducido en 2002 por el investigador holandés Arjen Hoekstra de la Universidad de Twente, que la definió como el volumen total de agua dulce utilizado por las personas, compañías o países para producir y consumir o utilizar productos y servicios.

La ISO 14046 (siglas en inglés de International Standarization Organization) entró en vigor a finales de julio en todo el mundo y se prevé que en las próximas semanas se incorpore como norma nacional, de modo que el documento estará disponible en español en el primer semestre de 2015, ha explicado a EFE José Luis Valdés, experto de AENOR que ha participado en su elaboración.

 

Las normas ISO, modelos para evitar dispersión

Estas herramientas voluntarias son modelos o patrones a seguir. Entre las más conocidas se encuentran las referentes a las medidas de papel (DIN-A4, DIN-A3…); de gestión medioambiental (ISO 14000) y aquellas que sirven para magnitudes del sistema internacional de unidades o signos matemáticos. Son, además, muy útiles para unificar y evitar la dispersión de metodologías, ha indicado a EFE Maite Aldaya, consultora del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y del Observatorio del Agua de la Fundación Botín, y que también ha participado en la redacción del documento.

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