Aleación metálica para potabilizar el agua

El líquido elemento no es un bien infinito y aquí, a cuenta de las sequías, algunos hemos aprendido a valorarlo en su justa medida. Pese a todo y según el Ministerio de Medio Ambiente, el volumen de litros desperdiciados en nuestro país es todavía superior a la media europea, en gran parte por los regadíos ilegales de pequeños agricultores y la ausencia de un gran plan hidrológico a nivel nacional que racionalice las reservas.

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A este lado de la orilla todo se ve desde un prisma muy diferente. Lo cotidiano pierde su valor aunque en gran parte del planeta tiene cuerpo de necesidad extrema con al parecer difícil solución. En España hemos llegado a ser conscientes de la importancia del agua.

El líquido elemento no es un bien infinito y aquí, a cuenta de las sequías, algunos hemos aprendido a valorarlo en su justa medida. Pese a todo y según el Ministerio de Medio Ambiente, el volumen de litros desperdiciados en nuestro país es todavía superior a la media europea, en gran parte por los regadíos ilegales de pequeños agricultores y la ausencia de un gran plan hidrológico a nivel nacional que racionalice las reservas.

Según un estudio realizado el pasado año por la Organización de Naciones Unidas, 900 millones de personas en todo el mundo no disponen de agua potable. En el mejor de los casos muchos de ellos tienen que recorrer a pie decenas de kilómetros para tener acceso a una fuente saludable y en el peor, las enfermedades derivadas por la ingesta de líquido contaminado produce la muerte de cientos de miles de personas.

Pese a sus contantes intentos más o menos afortunados, y a los avences conseguidos, la ONU no ha conseguido erradicar totalmente el problema, entre otras cosas debido a la falta de cooperación de los países miembros, que cuando se trata de invertir dinero en “negocios” no remunerados, su predisposición es más bien escasa.

África, Asia y América Latina en menor grado, son los principales perjudicados de una situación que requiere de medidas urgentes para ser rectificada. A falta del interés de las autoridades públicas, más preocupadas por su enriquecimiento personal que por el bienestar de sus ciudadanos, bien están las iniciativas de caracter privado, y eso que uno es enemigo declarado del liberalismo.

Hace tan solo unas semanas hemos podido conocer la idea de un grupo de científicos de la Universidad de Purdue, en Estados Unidos, cuya propuesta podría ayudar a mejorar considerablemente el triste panorama. Liderados por el joven investigador Jerry Woodall, han presentado una aleación metálica capaz de transformar agua contaminada en apta para el consumo.

Está formada en su mayoría por aluminio, además de galio, indio y estaño y su funcionamiento es muy simple. Basta con introducir la aleación en un recipiente con agua. Al sumergirlo, el líquido comienza a hervir eliminando todo tido de bacterias y generando vapor, separando el gas del hidrógeno.

A continuación, el vapor se condensa formando automáticamente agua potable, mientras que el hidrógeno resultante es almacenado en una pila que puede utilizarse para generar electricidad. Según las primeras investigaciones la reacción se prolonga en el tiempo hasta que el aluminio se consume, dejando como único residuo hidróxedo de metal, una sustancia no tóxica que no produce ningún tipo de contaminación.

Se trata por tanto de un proceso completamente limpio cumpliendo así con una de las exigencias más importantes de nuestro tiempo, el respeto al medio ambiente. La Universidad de Purdue estudia ahora las posibilidades con agua salada, con la premisa de que la energía resultante pueda ser utilizada como combustible para submarinos o cualquier otro tipo de embarcación.

Al tratarse de una iniciativa destinada a países con pocos recursos, sus costes de producción son especialmente bajos, más aún que cualquier otra alternativa de sus mismas características disponible actualmente en el mercado.

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