Agua subterránea… ¿un espejismo? (Mx)

Desde mi infancia, siempre me llamó la atención que el agua utilizada rutinariamente para el riego agrícola provenía del subsuelo. La operación era muy sencilla, simplemente se prendía un motor y, al instante, salía agua a borbotones que se vertía en una pila y de allí se enviaba a los campos de cultivo.

pluma

Esa experiencia la tengo grabada y se refuerza con alguna fotografía que registró la escena. Creía que todo era cuestión de taladrar hacia abajo de la superficie, y a poca profundidad se encontraría una alberca gigantesca de la cual se sacaría el agua a la superficie. Ingenuidad.

No tenía edad para cuestionarme por qué al lado de la salida del pozo había un predio con un bordo, el cual ya no retenía agua, sino simplemente tierra sobre la cual se cultivaba, utilizando el agua que salía por un tubo y sin mayor esfuerzo. Lo que habían hecho los ejidatarios era rellenar el embalse para ampliar el área de cultivo, usando la fuente de agua que parecía inagotable. La presa había dejado su función original de captar agua de lluvia. Así sucedió.

Descubrí la realidad cuando en las aulas universitarias me aclararon el funcionamiento del agua subterránea. Complicado, pero se puede exponer de manera sencilla.

Primeramente, amigo lector, te comento que en términos generales no hay tales albercas, sino que el agua se encuentra dentro de ciertas capas porosas debajo de la tierra vegetal que se denominan acuíferos. Imagínate que son unas enormes esponjas con múltiples micro burbujas, las cuales pueden llenarse con agua. Esos acuíferos son, de hecho, rocas permeables, las cuales contienen agua en movimiento muy lento. Para sensibilizarte sobre la velocidad del agua, piensa en un embudo cerrado, de piedra, a modo de filtro, al cual le agregas una jarra de agua y después de una noche de goteo continuo sólo colectas un vaso de líquido. Así de lento es el movimiento.

El proceso1 de infiltración del agua de lluvia hacia los acuíferos inicia en la capa superficial, conocida como tierra vegetal. El agua entra en contacto con la tierra, la empapa y luego penetra hacia abajo, atravesando lentamente zonas más compactas constituidas por arena, grava o arcillas, y a su paso también puede encontrar fisuras por donde avanza con mayor facilidad. Llega a zonas saturadas de líquido en movimiento, proveniente de otras localidades en la superficie. De esta forma se suma al flujo predominante de agua que avanza a velocidades mínimas. La rapidez depende, obviamente, del medio poroso y la altura donde se da la filtración en los sitios llamados zonas de recarga. De esta forma se entiende que el agua que llueve en determinado lugar no precisamente alcanza el acuífero en un punto perpendicular a la superficie.

La velocidad del agua del subsuelo está en un rango de valores muy amplio, desde unos cuantos centímetros a varios metros por día; estas determinaciones se hacen normalmente con el auxilio2 del isótopo ambiental carbono 14. El que esto reseña ha medido en muchas partes del país tiempos de infiltración del agua de lluvia, desde que cae en la superficie hasta el lugar de la extracción, del orden de mil 500 años, razón por la cual considera este recurso hídrico como “finito”, y recomienda disminuir la explotación, so pena de extinguirlo en unas cuantas décadas.

Por otro lado, la calidad del agua subterránea que se está extrayendo actualmente dista mucho de la que tenía cuando ésta provenía de estratos más superficiales. Hoy día es frecuente encontrar elementos nocivos como flúor y arsénico, lo cual implica un tratamiento previo para su uso potable y agrícola.

El agotamiento de los acuíferos es una realidad que se constata permanentemente, a través de las mediciones de los niveles de donde se bombea el agua a la superficie, que bajan de manera constante con valores entre tres a cinco metros por año. En la Ciudad de México, por ejemplo, el 70% del agua potable proviene del subsuelo, con una extracción aproximada de 45 m3/s, mientras que la supuesta infiltración es de sólo 25 m3/s, sin embargo, en un período de tiempo corto, los valores son mucho menores, en virtud de los tiempos tan largos que se necesitan para que dicha infiltración llegue a su destino. Problema3 crucial y difícil.

Con objeto de remediar esa sobreexplotación y recuperar los niveles de bombeo, se ha pensado reinyectar los mantos acuíferos de manera artificial, sin embargo, en términos generales, no me parece factible. Jamás he visto una recuperación de niveles en los cientos de sistemas de bombeo que han pasado por este gabinete. Abundo.

Tomando como ejemplo la misma ciudad capital, ésta tiene un área de recarga natural en las serranías que la contienen, cuya superficie es del orden de 100 mil hectáreas, mientras que las zonas de recarga artificial que se plantean son muchísimo más pequeñas, que se miden en metros cuadrados; esas áreas incluyen tajos o zanjas de captación, y pozos de absorción. Los métodos para introducir el agua son diversos y basta saber que en unos casos es mediante la infiltración en zonas de rápido tránsito y en otros a través de tubería que se inserta hasta capas permeables. Otro aspecto que hace más difícil la reinyección de agua es que al sustraer el líquido del medio poroso, éste se compacta y dificulta más el paso. Lo anterior respalda la aseveración de la poca viabilidad de esas recargas artificiales.

En vez de pensar en recuperar los mantos subterráneos, es mi parecer que se deben intensificar los trabajos para encontrar en el agua superficial la solución para el abasto de agua potable e industrial en las ciudades, y de agua para riego en el campo.

Como ven, amigos lectores, el agua subterránea que hace setenta años parecía la fuente inagotable del recurso, ahora está convirtiéndose en mero espejismo.

Enrique García y García
Físico Nuclear, egresado de la UNAM, con diversas especialidades en energía, agua y transferencia de tecnología; autor de cinco libros de divulgación técnica, dos más por publicarse, y una centena y media de publicaciones afines; editorialista en diversos periódicos nacionales, en temas humanistas y técnicos; consultor independiente con sede en San Miguel de Allende, Gto.

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