El agua contaminada con nitrato amenaza a 65 pueblos de Tarragona

Buena parte de las aguas subterráneas de toda la provincia se ven amenazadas por altos niveles de nitrato, con un potencial riesgo para el consumo. El Camp de Tarragona es una de las zonas consideradas «críticas» por la Agència Catalana de l’Aigua (ACA). La Conselleria de Territori i Sostenibilitat ha reconocido que la contaminación por nitratos de origen agrario representa un problema de contaminación difusa «grave» en Catalunya.

 

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Afecta a más de 25 comarcas, aproximadamente un tercio del territorio catalán, incluidas numerosas poblaciones tanto del Camp de Tarragona como de las Terres de l’Ebre. El exceso de nitrato en el agua es una cuestión recurrente que, a juzgar por la confesión de la Generalitat, dista de solucionarse. El conseller de Territori, Santi Vila, ha asegurado recientemente ser consciente de que la recuperación de los acuíferos contaminados tiene una «difícil solución a corto plazo» y requiere el esfuerzo de todos los sectores y administraciones.

El problema no disminuye. El Govern, mediante la ACA, la Conselleria de Agricultura y la de Salut y la Agència de Residus, ha formulado tres declaraciones de zonas vulnerables sucesivas en 1998, 2004 y 2009, que atestiguan que la afectación no ha remitido. Ahora, cerca de entregar una nueva revisión, la Generalitat confiesa que el volumen de los nitratos «no ha variado significativamente en la última década», de forma que los valores se mantienen dentro del mismo rango.

Límite: 50 miligramos por litro

En la provincia la afectación es amplia: hasta 65 municipios tarraconenses están incluidos en las zonas definidas por el Govern como vulnerables. Hay poblaciones con este problema en ocho de las diez comarcas, a excepción de la Terra Alta y el Priorat. La ACA admite el problema:«Nuestras redes de control determinan que una de las problemáticas existentes en las aguas subterráneas de las comarcas de Tarragona es, entre otras, la contaminación por nitratos».

En Catalunya, el ente ha precisado que el seguimiento realizado entre 2008 y 2011 refleja que, dentro de las zonas vulnerables, los puntos donde el agua subterránea supera los 50 miligramos por litro (el límite de uso del agua para consumo humano) representa el 43% del total. En la provincia hay 224 puntos de control de nitratos, según confirma la ACA. De los resultados obtenidos durante el programa de control 2007-12 se valora el estado químico como «malo» por presencia de nitratos en concentraciones elevadas en cinco masas de agua de las 14 delimitadas en las comarcas. Es, pues, un 36% de las masas de agua subterráneas en Tarragona. «Están situadas principalmente en el Camp de Tarragona y en la Conca de Barberà», explican fuentes de la ACA. De esas cinco masas de agua que incumplen, cuatro presentan una extensión de agua afectada que oscila entre el 40 y el 50%, mientras que una de ellas tiene una superficie del 20%.

Abastecimiento en pozos

En concreto, son aquellos municipios abastecidos por pozos los que más riesgo corren. «Sé que hay pozos con niveles de nitrato altos, por encima de lo que marca la normativa, debido básicamente a los purines. Nosotros no cogemos agua de los pozos. El 100% de lo que suministramos viene de los canales de riego del río Ebre, donde el nivel de nitrato es francamente bajo. Si el valor paramétrico límite para el consumo humano es de 50, en el Ebre es menos de diez. Estamos lejos de eso. Nosotros dejamos el agua en los depósitos de los municipios. Hay algunos que a lo mejor mezclan nuestra agua con la que obtienen de los pozos. También hay ayuntamientos que tienen plantas para reducir el nitrato», cuenta Salvador Plana, gerente del Consorci d’Aigües de Tarragona, que distribuye agua a 63 ayuntamientos de la provincia.

El Govern sostiene que no hay peligro de que ese agua pueda acabar siendo consumida. «El Departament de Salut y la Agència de la Salut Pública hacen controles para prevenir que el agua pueda llegar al consumo. Si se detecta algún incremento se puede solucionar mezclando agua de diferente procedencia, cambiando de fuente o haciendo tratamientos de desnitrificación», comenta la ACA, que tranquiliza. «Los municipios tienen controles periódicos de calidad y si se detecta algún incremento se toman medidas. El control es riguroso. La mayor parte de Tarragona bebe agua del Ebre que no tiene este problema. Los municipios que disponen de fuentes propias tienen también controles de calidad. Si se detectan niveles altos de nitratos, automáticamente se cierra el pozo. Las zonas declaradas como vulnerables ya gozan de un control riguroso», explica la Agència Catalana de l’Aigua.

Preocupación

Para los expertos, la presencia excesiva de nitrato en el agua es una cuestión a vigilar muy de cerca. «Es un problema serio. Acuíferos que son usados para usos urbanos, de repente, por infiltración de derivados o residuos, generalmente agrarios, agropecuarios o de ganadería, se transforman en un problema para la salud, cuando eran en principio una fuente de agua potable», explica Pedro Arrojo, doctor en Ciencias Físicas y presidente de la Fundación Nueva Cultura del Agua.

Arrojo es muy crítico con la falta de soluciones: «Los problemas no se resuelven solos, no podemos seguir con la cabeza bajo tierra. Hay que mirar qué uso se está haciendo de los purines, si están habiendo irregularidades o si tienen lugar excesos de vertidos sobre los campos, que llevan a contaminar los acuíferos. Son problemas que no se resuelven de un día para otro».

Pesticidas y abonos

El doctor propone algunas alternativas: «Hablamos de una agricultura que hemos forzado a industrializar. No es culpa de los agricultores, sino de un modelo que depende de pesticidas y de abonos artificiales. Por otro lado, se está haciendo todo eso de una manera poca informada. Esos excesos de nutrientes acaban contaminando las aguas superficiales y subterráneas».

El problema es de raíz, de fondo. «Habría que cambiar ese modelo agrario y eso afecta a mucha gente condicionada por los mercados. Las intervenciones a largo plazo deberían pasar por modelos menos agresivos e incluso por apostar por la agricultura ecológica. ¿Por qué no?», se pregunta Arrojo. En una línea parecida incide la ACA, que admite la necesidad de poner por fin solución al problema: «Hay que minimizar las aportaciones de adobo y excedentes de nitrógeno a través de buenos programas de fertilización, que ajusten la aportación de nitrógeno con la absorción de las plantas y los cultivos. El nitrógeno que no absorbe la planta o los cultivos –ya sea porque se aplica en exceso o porque hay una desincronización entre el adobo y el crecimiento– aparece en las aguas subterráneas».

Con numerosos acuíferos contaminados, toca a muchos ayuntamientos intervenir en el proceso para garantizar que el agua acaba siendo apta para el consumo. «Hay pozos que tienen un agua excelente y otros que están al lado de granjas y cuyo estado no es tan bueno. Los nitratos son un valor más dentro de la calidad del agua. Si el valor es muy alto puede afectar a la salud», cuenta Salvador Plana desde el Consorci d’Aigües de Tarragona. Asimismo, la ACA confirma que los municipios también tienen controles periódicos de calidad.

El doctor Arrojo lamenta que esas actuaciones imprescindibles por parte de los municipios para reducir los niveles de nitrato reviertan en el precio que paga el consumidor. «El agua debe desnitrificarse con técnicas de osmosis inversa pero eso supone un aumento de coste que no paga el agente que ha contaminado sino el ciudadano», concluye el doctor Pedro Arrojo.

Problema de origen agrario

El nitrato es una sal química derivada del nitrógeno que, en concentraciones bajas, se encuentra de forma natural en el agua y el suelo. «No es por sí un compuesto tóxico y peligroso pero en elevadas concentraciones se recomienda no ingerir», explica la ACA. La presencia de esta sustancia en el agua subterránea se asocia a actividades generalmente de origen ganadero o agrario. «Se disuelve muy fácilmente con el agua de lluvia y se moviliza rápidamente llegando a las aguas subterráneas. Es muy difícil sincronizar los procesos pero las buenas prácticas ayudan mucho. El Departament d’Agricultura está trabajando con planes de fertilización eficientes que minimicen el impacto». El principal efecto perjudicial para la salud derivado de la ingesta de nitratos es la metahemoglobinemia, una afectación en la sangre. La primera manifestación clínica es la cianosis, una enfermedad asociada una tonalidad azulada de la piel. Las mujeres embarazadas, las personas con úlceras o gastritis o con hemoglobina anómala son los grupos de población con más riesgo. Para prevenir los efectos negativos, la Organización Mundial de la Salud ha establecido un valor máximo orientativo de 50 miligramos por litro de nitratos en el agua de consumo.

Es un artículo publicado en Diario de Tarragona