“A los canarios, ni agua”, por Paulino Rivero Baute, Presidente del Gobierno Canario.

“A los canarios, ni agua”, por Paulino Rivero Baute, Presidente del Gobierno Canario, publicado en su blog paulinorivero.com.

 

Fotografía de JohnONolan

(paulinorivero.com) Quienes ignoran la importancia que la desalación de agua tiene para los canarios desconocen por completo nuestra historia. Canarias no puede entenderse, no se comprenden nuestro pasado y presente, si no se conoce lo que en esta tierra muchos denominamos el ‘milagro del agua’.

Somos un pueblo que ha tenido que convivir con la escasez y, fruto de esa convivencia con la dificultad, una sociedad que con coraje supo encontrar recursos donde no los había. Desde el Garoé con el que los bimbaches recogían el agua que la bruma destilaba al pasar, hasta las modernas desaladoras alimentadas con energías renovables, la historia de Canarias es la de generaciones de mujeres y hombres que aprendieron a obtener agua con perseverancia y, sin duda, con mucho talento.

Gota a gota, generaciones de canarios dieron respuesta a uno de los principales problemas que afrontaban las Islas y, al mismo tiempo, lograron adaptar esas soluciones a las demandas derivadas de un importante crecimiento poblacional y económico. Con diferentes fórmulas en cada una de las islas -porque distintas eran las condiciones, también diferentes fueron las respuestas- los canarios supimos buscar y encontrar el agua.

Tradicionalmente hemos tenido que aprovechar el agua de la lluvia captándola a través de diversos mecanismos. Las aguas subterráneas han sido nuestro recurso hidrológico más importante, lo que explica la existencia de más de 2.000 kilómetros de galerías excavadas u otros tantos miles de pozos -una realidad que persiste actualmente en algunas de las islas-.

El desarrollo socioeconómico derivado de la actividad turística y las demandas de una población en continuo crecimiento hizo necesario hace unas décadas volver a tirar del ingenio buscando nuevas fuentes; y esta vez a la lucha de los canarios se unieron dos aliados de valor incalculable, la tecnología y el mar.

Tuvieron que pasar muchos años para que el desarrollo tecnológico viniera a solucionar el problema casi de manera definitiva, y efectivamente se logró mirando al mar. Una vez más, hicimos virtud de la necesidad.

En 1964 se construyó en Lanzarote la primera planta desaladora de Europa para uso urbano, con lo que iniciamos una nueva etapa en la gestión de los recursos hidráulicos; un camino que nos ha permitido que Canarias pueda atender las demandas de sus más dos millones de habitantes, a lo que debemos sumar doce millones de turistas anuales.

El esfuerzo de las distintas administraciones públicas y de la iniciativa privada ha permitido que el número de plantas desaladoras actualmente en producción en el Archipiélago sume 334 plantas, con una capacidad de producción total de agua potable superior a los 640.000 m3/día.

La distribución de plantas desaladoras, sobre el total de las existentes en Canarias, es de 290 radicadas en las islas orientales y 44 en las occidentales. De la producción total de agua potable que se realiza en Canarias (643.212 m3/día), el 66,58% (428.219 m3) se destina al abastecimiento, el 32,97% (212.043 m3) a riego y el 0,46% (2.950 m3) a consumo industrial.

Teniendo en cuenta el consumo estimado de agua potable, la desalación de agua de mar constituye una fuente imprescindible de aportación del agua total que se consume en cada isla, con especial relevancia en Lanzarote y Fuerteventura, donde el agua obtenida por desalación representa casi el 100%, y en Gran Canaria casi el 75% -en el caso de las islas occidentales la necesidad del agua desalada, respecto a la total consumida, es menor al disponer de otros recursos hídricos procedentes de galerías, pozos, etcétera-.

Estos datos nos acercan a la dimensión de la función vital de las plantas desaladoras en Canarias, así como a la dependencia que tenemos de ellas para el consumo de agua.

Pero hay más. La experiencia acumulada …………. seguir leyendo